La actuación
de don Santiago de Liniers, durante la primera invasión
británica en 1806, lo catapultó a los más
altos cargos y a la admiración popular, pero también
le impidió, en medio de otros problemas, retirarse, como
era su deseo, a una isla del delta del Paraná. Deseaba
obtener de la corona el beneficio de una de esas tierras tan
fértiles y dedicarse a trabajarlas.
Don Santiago logró su cometido, pero en otra región.
Alejado de la función pública, se trasladó a
Córdoba en 1809, donde se instaló con su numerosa
familia. Conoció la estancia de don Victorino Rodríguez
en Alta Gracia, que había sido una de las estancias de
los jesuitas. Sabía que era una de las predilectas de
los padres fundadores y cuando la conoció a pesar de
los muchos elogios que había oído sobre la propiedad
y del estado de abandono en que se encontraba, le pareció muy
superior a lo que pensaba.
Enamorado del paisaje, decidió intentar hacerse propietario
de esas tierras, lo que concretó en la escritura firmada
hace dos siglos ante el notario Diego Olmos de Aguilera, el
3 de febrero de 1810, en la suma de 11.000 pesos, con facilidades
de pago. Sin duda, era un excelente negocio, ya que construir
todos los edificios no se podría hacer con menos de 150.000
pesos.
Inmediatamente, Liniers empezó a interiorizarse de
las ventajas y las tareas del campo, a las que sin duda estaba
aficionado. Le informó a su apoderado en Buenos Aires,
don Francisco A. de Letamendi que las tierras por las abundantes
aguas facilitaban "poner alfalfares para engordes de reses,
que bien sabe Ud. pastarán en los meses de octubre, noviembre
y diciembre en términos que se sacan de 10 a 12 pesos
de un novillo, solamente en la carne".
Observó también el pingüe precio del trigo
y que diariamente podía remitir 8 a 10 carretas de leña
al pueblo, que le daban buenas utilidades; además de
la siembra de maíz y el arroz, todo beneficiado por el
abundante regadío.
Durante su estancia en las Misiones como gobernador había
conocido el cultivo del algodón, y creía que también
podía darse en esa propiedad. Todas estas reflexiones
a Letamendi las escribió a cinco días de haber
comprado la propiedad, con esta frase como colofón: "Ya
me ve Ud. hecho un labrador y que he colgado la espada para
empuñar el arado".
Pocos días después volvía a informar
a su amigo, los beneficios del famoso tajamar, la posibilidad
de desviar uno de los manantiales con el trabajo de dos peones
a medio jornal; además de los arreglos en la casa habitación,
de tirar dos paredes interiores para hacer una sala y un comedor,
construir una cocina, ya que hasta entonces se cocinaba en un
galpón de paja, poner vidrios en las ventanas, etcétera.
También lamentaba no tener cerca a Valentín, un
maestro mayor carpintero para ayudarlo en la construcción
de algunos instrumentos de labranza.
También le pedía a Letamendi que le remitiera
toda clase de semillas, particularmente de remolachas, zanahorias,
cebollas blancas, apio, perejil, melones, ajíes; toda
clase de lechuga, rabanitos, coliflor, brócoli y cuantas
semillas pudiera encontrar. Sin duda, pensaba hacer un establecimiento
modelo, con una gran huerta para satisfacer las necesidades
de la familia. Con buen criterio, pensaba don Santiago que si
la tierra no daba lo suficiente como renta, seguramente con
el trabajo la familia no iba a pasar necesidades, ya que la
subsistencia con los productos de la tierra estaba en buena
parte garantizada.
Los sucesos de mayo de 1810 en Buenos Aires, sacaron a don
Santiago de su tranquilidad y encabezó la contrarrevolución
en Córdoba, en la que ofrendó su vida. A su muerte,
la propiedad quedó largos años abandonada; en
1820 pasó a manos de un nuevo propietario, don José Manuel
Solares, y años después a sus parientes, los Lozada.
De alguna manera, a través del tiempo, esa estancia se
conservó en poder de una familia hasta que en 1969 fue
expropiado el edificio y convertido desde 1977 en Museo de la
Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers.
El 2 de diciembre de 2000, la Unesco junto a otras propiedades
de los jesuitas en Córdoba la declaró patrimonio
de la humanidad.
A doscientos años de la compra de ese solar, las autoridades
del museo y su personal, con verdadera devoción conservan
el ámbito en que don Santiago de Liniers pasó los últimos
meses de su vida. De seguro está presente aquella frase
que escribió el virrey cuando se convirtió en
estanciero: "Por mí solo amarrado me sacan de Alta Gracia,
ya no quiero más guerra que con las perdices, patos y
vizcachas". No la pudo cumplir porque, como afirmó uno
de sus contemporáneos, "nació con sangre francesa,
murió de corazón español".
Por Roberto L. Elissalde
Para LA NACION
Fuente Edición on-line de La Nación: Haga click aqui
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NOVEDADES DE LA BIBLIOTECA en adhesión
al Día del Libro
Recientemente se han incorporado a la Biblioteca del Museo
dos importantes obras de Néstor
Ortiz Oderigo,escritor, antropólogo,
africanista y etnomusicólogo,
dedicado durante muchos años al estudio,
análisis y reivindicación de los valores culturales
africanos y de su prolongación y recreación
en América en todos sus aspectos.
Estas adquisiciones se han realizado a fin de complementar la
investigación histórica sobre la esclavitud
llevada a cabo en el museo y en la cual la profundización
de aspectos relacionados con el uso de la mano de obra africana, su
comercialización, el conocimiento de su acervo cultural
y sus estrategias de adaptación y resistencia, debe
ser sustentada a partir de la bibliografía pertinente.
- Diccionario de Africanismos
en el castellano del Río de la Plata: Esta obra de
constituye un invalorable aporte al estudio del protagonismo
lingüístico y cultural africano en el Río
de la Plata, primera y única en su género
en la Argentina
Esta obra refleja el intenso trabajo del autor en
la recopilación de palabras de origen afro tales como
catinga, clavo, coco, carabela, tilingo, mandinga,
entre otros. (Editado
por la Universidad 3 de Febrero en 2007)
- Esquema de la música
afroargentina: Se
trata de una edición comentada que pretende dar a
conocer el encomiable aporte del autor a la temática,
en una época pionera y de escaso interés
para efectuar estudios africanos y afroamericanos en el país,
a la vez que relacionarla con la situación actual de
los mismos, tanto para la valoración crítica
de la obra como para provecho del lector. (Editado
por la Universidad 3 de Febrero en 2008).
Horarios de atención de la Biblioteca: Martes
a viernes de 9 a 13hs - 15 a 19 hs. Sábados
- Domingos 9:30
a 12:30 y de 15:30 a 18:30 hs
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