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La
evaluación se concibe en el marco de esta propuesta
como un proceso de producción de conocimiento y por
lo tanto una manera de mejorar la práctica de la enseñanza,
se inscribe por lo tanto en una dialéctica del interjuego
democrático entre los actores implicados en la evaluación
lo que permite ir significando y re significando las propuestas
pedagógicas.
La evaluación es, desde esta
perspectiva, un espacio de reflexión conjunta, “que
confiere status propio a la intersubjetividad, creando literalmente
la noción de objeto-sujeto” , proceso hermenéutico
donde tiene importancia tanto lo dicho como lo no dicho, lo
explícito y lo implícito. Para poder cumplir
con este objetivo de evaluar el proyecto será necesario
prever para cada instancia del programa, instrumentos de evaluación
que permitan realizar un corte de cada etapa, con el fin de
poder hacer los ajustes necesarios y las adecuaciones que
vayan surgiendo de la misma puesta en marcha.
Se sabe que toda práctica
educativa tiene su propia lógica que está determinada
por un tiempo, un espacio, un conjunto de múltiples
determinaciones que van condicionando la toma de decisiones.
Desde esa mirada la evaluación
requiere, de instrumentos que posibiliten la valoración
de la propuesta, atendiendo las características singulares
de los procesos de enseñanzas y de aprendizaje que
se pondrán en juego en los contextos del aula y del
museo.
Etapas
de la evaluación
El programa en su conjunto es evaluado
a través de un instrumento que permite a partir de
los objetivos, analizar el grado de aproximación que
se ha logrado con las actividades, cruzando los datos que
surgen de las entrevistas (a docentes, guías, alumnos,
visitantes, padres), la concurrencia de las escuelas en la
propuesta, la permanencia a lo largo de los proyectos, y las
producciones que se realizan. Para una mayor organización
y toma de decisiones se llevan a cabo distintas etapas evaluativas
correspondientes a los tres ejes de trabajo, instrumentando
recursos acordados por quienes participan del mismo.
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