La Estancia
de Alta Gracia fue uno de los establecimientos rurales
que la Compañía
de Jesús creó en Córdoba en el siglo
XVII, para solventar los gastos que demandaba el Colegio
Máximo. En la época de los jesuitas la
Estancia poseía ocho puestos, cada uno de ellos a
cargo de un capataz, generalmente un negro esclavo. En esos
lugares se criaba ganado vacuno, mular, equino, además
de ovejas, cabras y burros. En los Libros de Cuentas se encuentran
registrados cada uno de sus puestos y los movimientos de
hacienda que se realizaban periódicamente,
pudiéndose constatar además la cantidad y distribución
de ganado.
Hasta comienzos del siglo XX
Alta Gracia conserva sus características de establecimiento
rural. A través del sistema de exhibición se intenta
mostrar que la vida del hombre de campo era sencilla y austera.
En muchos casos el peón vivía bajo un régimen
patriarcal que lo insertaba dentro de una segunda familia: la del
patrón. Su tiempo se repartía entre el cuidado de
la hacienda del estanciero y sus propios animales. La gran cantidad
de ganado alimentaba una producción artesanal muy variada
como monturas, cintos, lazos, boleadoras, petacas. Huesos, astas
y cerdas eran también utilizadas para la fabricación
de distintos objetos de uso cotidiano.
La siembra del maíz se realizaba
a través de un sistema rudimentario: roturación con
arado de madera, siembra a voleo y siega a mano. La cosecha concentraba
a la familia, cuyos miembros utilizaban una especie de bolsa delantal
que colgaba de la cintura, dejando caer en ella el maíz recién
cortado.
La vivienda rural era el típico
rancho de adobe con techo de paja y barro que se completaba con
el pozo de balde, el horno para el pan y el corral de piedra para
encerrar la hacienda.
Los hombres que poblaron los espacios rurales, profundamente arraigados
al medio donde nacieron, fueron figuras claves en el desarrollo
económico de Córdoba, sustentando con su esfuerzo
y su trabajo el crecimiento agropecuario de la provincia. |