En esta sala
se narra la historia de la Estancia
de Alta Gracia a través de quienes fueron sus propietarios
haciendo especial mención a la Compañía
de Jesús y al Virrey
Liniers.
El 8 de abril de 1588 el Rey de España otorgó las
tierras de Paravachasca a Juan Nieto,
cofundador de Córdoba. Cuando falleció, en 1609, sus
bienes pasaron a su esposa e hija. En 1612, su viuda doña
Estefanía de Castañeda
contrajo nuevas nupcias con Alonso
Nieto de Herrera.
Este nuevo propietario designó a
la Estancia con el nombre de Alta Gracia en honor a la Virgen
que se veneraba en su pueblo natal, Garrovillas de Alconétar,
en España. En 1643, ya viudo y sin herederos ingresó
a la Compañía
de Jesús donándole a esta Orden todos
sus bienes, entre ellos Alta Gracia.
En posesión de la Compañía
de Jesús, la Estancia de Alta Gracia, (1643-1767)
se transformó en un emporio agrícola, industrial y
ganadero, y en sostén económico del Colegio
Máximo, situado en la ciudad de Córdoba.
En el casco de la Estancia, representado en la maqueta, se destaca
la Residencia, hoy convertida en Museo, con planta arquitectónica
en forma de L y galerías balconadas que se abren hacia un
patio principal denominado Patio
de Honor (se estima que hacia
el año 1762, la Casa estaba ya finalizada).
La iglesia, de estilo barroco, cierra el
patio hacia el sur y data del siglo XVIII. Se distingue por su curvatura
muraria externa, único caso dentro de la arquitectura del
Río de la Plata. Otra característica singular es la
ausencia en su fachada de torres campanarios. En su reemplazo las
campanas se colocaron en una espadaña ubicada detrás
de la cabecera de la iglesia.
Otras construcciones complementan el conjunto edilicio: El Obraje,
destinado a talleres de carpintería y telares; el Tajamar,
dique artificial que proveía energía hidráulica
a dos molinos harineros; y un batán y la Ranchería,
vivienda que ocupaban los esclavos. A esto se sumaban, el paredón
del embalse, canales, cultivos y plantaciones forestales.
Los Libros
de Cuentas Jesuíticos y los inventarios de temporalidades
del siglo XVIII, permiten
medir el desarrollo alcanzado por la estancia. En 1767, al
momento de la expulsión, contaba con alrededor de 16.000
cabezas de ganado, además de telares, molinos
harineros, hornos para ladrillos, jabonería y prensas.
Sólo tres
padres estancieros administraban el establecimiento, dirigiendo
un total de 310 esclavos,
importante mano de obra especializada. Aunque los Comechingones
(aborígenes de la zona)
fueron atraídos por los sacerdotes a la vida en la Estancia,
no se ha podido establecer la cantidad que había en tiempo
de los jesuitas. Algunos de ellos eran remunerados por su trabajo
o conchabo, denominándose a ese grupo indios conchabados.
Después de la expulsión de los jesuitas, comenzó
la decadencia de la Estancia, disminuyendo la hacienda y la producción.
Sus bienes fueron administrados en nombre del Rey de España
por una comisión de vecinos:
La Junta de Temporalidades
que desde 1767 a 1773 realizó un minucioso inventario de
los bienes jesuíticos. Estos documentos constituyen una importante
fuente para la reconstrucción de la vida en la Estancia y
pueden consultarse en la Biblioteca
del Museo.
El quinto propietario (1773-1787)
José Rodríguez,
adinerado comerciante español, la compró en remate.
De 1787 a 1796 su hijo Manuel
la administró en carácter de Depositario
Real. En 1796, su hermano Victorino
Rodríguez, Gobernador Interino de Córdoba (1806)
y Antonio Arredondo, Regidor,
Alcalde Mayor Provincial, compraron Alta Gracia en remate y la arrendaron
a Ramón Olmedo y posteriormente
a Don Manuel Derqui.
Santiago
de Liniers y posteriormente sus hijos, fueron los propietarios
de la Estancia entre 1810 y 1820. Liniers
habitó en ella durante cinco meses dedicado a las tareas
rurales, hasta que fue fusilado cerca de Cruz Alta, en agosto del
mismo año. Sus herederos la vendieron en subasta pública
a José Manuel Solares
(1820-1868), último
propietario de la Estancia. Monseñor
Pablo Cabrera dijo de él: "...
fue educador, filántropo y cristiano social. Vivió
austeramente y trató de resolver - a mediados del siglo XIX-
un doble problema: el de los latifundios y el intitulado social
o cuestión obrera".
El 23 de agosto de 1868 falleció
en Alta Gracia. A su voluntad testamentaria se debe la fundación
de esta ciudad. |