Esta sala hace
referencia a los trabajos que se realizaban en la estancia en la
época colonial.
Se destacan en ella objetos arquitectónicos que integraron
las construcciones coloniales y de la Estancia
de Alta Gracia y de las estancias cordobesas de la Compañía
de Jesús.
Sabemos que la industria harinera, fue
una de las más importantes y desarrollada en la estancia
de Alta Gracia. Para ello se construyó un sistema hidráulico
conformado por represas o paredones en arroyos cercanos, a los fines
de acumular agua que luego era transportada por canales o acequias
hacia un dique artificial o Tajamar.
La maqueta del molino
jesuítico, realizada en base a investigaciones
arqueológicas y documentales, muestra cómo funcionaba
este ingenioso mecanismo hidráulico. En el muro de calicanto,
se accionaba un comando que levantaba la compuerta, permitiendo
que el agua pasara con presión desde el tajamar hacia el
molino, por un canal subterráneo. El impacto del agua en
el rodezno ponía en funcionamiento ambas muelas que al friccionar
entre sí permitía el procesamiento del cereal colocado
en la tolva.
En la sala se observan las últimas
muelas de piedra usadas en el molino de Alta Gracia en
el siglo XIX.
La acequia continuaba hacia la zona de
huerta, con árboles frutales, legumbres y cebada, ubicada
hacia el este y junto al tajamar.
Se exhiben también las tejas con
las que se cubrían los techos de las construcciones jesuíticas
de Córdoba, Misiones y Santa Fe. La tradición atribuye
su forma al muslo de los trabajadores que usaban esa parte de
la pierna como molde. Por ello se las denomina vulgarmente, "tejas
musleras". Sin embargo el padre Sepp,
en su libro "Viaje a las
Misiones Jesuíticas" explica cómo se confeccionaban: "se
asientan sobre una plancha cuatro tablillas en forma de teja,
colocadas horizontalmente. En seguida los obreros la llenan
de barro que antes es bien pisado por los bueyes, alisan bien
todos los cantos, amasan y tirando despacito de una cuñas
de madera, depositan la teja. Al contacto con la atmósfera,
seca rápidamente
en la sombra. Si el viento sopla demasiado caliente , la teja se
raja y se inutiliza. Por el contrario, si es frío por
demás,
se congela haciéndose igualmente inservible. Si por fin
, se seca demasiado rápido, fácilmente se quiebra.
Por lo cual es menester gran prudencia e industria..."
En esta
sala
Por su parte, los jesuitas emplearon el ingenio para iluminar interiores:
en la parte alta de uno de los postigones de la ventana realizaron
pequeñas "ventanitas" que se abrían para
regular la entrada de luz y de aire. Como no se acostumbraba colocar
vidrios en las ventanas, sólo la reja y los postigos de madera
constituían el cerramiento de la misma.
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