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Plano del Museo Galería Fotográfica
SALA 4 - De los trabajos de la estancia
<Sala 03 - Plano del Museo - Sala 05>
Pieza de baranda de la Iglesia Ladrillo de piso Teja Muslera Parte de un gozne de hierro Ultimas muelas de piedra Maqueta del molino jesuítico

Esta sala hace referencia a los trabajos que se realizaban en la estancia en la época colonial.
Se destacan en ella objetos arquitectónicos que integraron las construcciones coloniales y de la Estancia de Alta Gracia y de las estancias cordobesas de la Compañía de Jesús.

Sabemos que la industria harinera, fue una de las más importantes y desarrollada en la estancia de Alta Gracia. Para ello se construyó un sistema hidráulico conformado por represas o paredones en arroyos cercanos, a los fines de acumular agua que luego era transportada por canales o acequias hacia un dique artificial o Tajamar.

La maqueta del molino jesuítico, realizada en base a investigaciones arqueológicas y documentales, muestra cómo funcionaba este ingenioso mecanismo hidráulico. En el muro de calicanto, se accionaba un comando que levantaba la compuerta, permitiendo que el agua pasara con presión desde el tajamar hacia el molino, por un canal subterráneo. El impacto del agua en el rodezno ponía en funcionamiento ambas muelas que al friccionar entre sí permitía el procesamiento del cereal colocado en la tolva.
En la sala se observan las últimas muelas de piedra usadas en el molino de Alta Gracia en el siglo XIX.

La acequia continuaba hacia la zona de huerta, con árboles frutales, legumbres y cebada, ubicada hacia el este y junto al tajamar.

Se exhiben también las tejas con las que se cubrían los techos de las construcciones jesuíticas de Córdoba, Misiones y Santa Fe. La tradición atribuye su forma al muslo de los trabajadores que usaban esa parte de la pierna como molde. Por ello se las denomina vulgarmente, "tejas musleras". Sin embargo el padre Sepp, en su libro "Viaje a las Misiones Jesuíticas" explica cómo se confeccionaban: "se asientan sobre una plancha cuatro tablillas en forma de teja, colocadas horizontalmente. En seguida los obreros la llenan de barro que antes es bien pisado por los bueyes, alisan bien todos los cantos, amasan y tirando despacito de una cuñas de madera, depositan la teja. Al contacto con la atmósfera, seca rápidamente en la sombra. Si el viento sopla demasiado caliente , la teja se raja y se inutiliza. Por el contrario, si es frío por demás, se congela haciéndose igualmente inservible. Si por fin , se seca demasiado rápido, fácilmente se quiebra. Por lo cual es menester gran prudencia e industria..."

En esta sala
Por su parte, los jesuitas emplearon el ingenio para iluminar interiores: en la parte alta de uno de los postigones de la ventana realizaron pequeñas "ventanitas" que se abrían para regular la entrada de luz y de aire. Como no se acostumbraba colocar vidrios en las ventanas, sólo la reja y los postigos de madera constituían el cerramiento de la misma.

 
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Diseño y Mantenimiento: Rafael Piñeiro