El austero
mobiliario de la alcoba serrana, que no pertenece ni a la época
de los jesuitas ni a la del Virrey
Liniers, refleja la sencillez en la que vivía la gente
de las provincias hacia los siglos XVIII
y XIX.
La antigua
cuja es una sencilla cama artesanal de algarrobo, material
firme y sólido, ensamblada en forma manual.
Fue uno de los primeros modelos que llegaron a América.
Complementan el mobiliario sillas misioneras de madera de
incienso con asiento y respaldo de cuero repujado.
Delante del lecho se observa una rústica
petaca, especie de caja realizada íntegramente
en cuero utilizada para guardar ropa u objetos personales.
Estas curiosas cajas se confeccionaban doblando el cuero mojado
sobre un molde de madera y dejándolo secar. Una vez
seco se armaban uniendo los bordes con tiras de cuero que hábilmente
cosidas, servían
también de adorno formando con ellas dibujos geométricos.
Existieron una gran variedad de tamaños. Algunas se usaban
para guardar simplemente papeles y otras para contener pertenencias
varias. En el inventario de los bienes del Virrey
figuraba una utilizada para guardar muestras de mineral del Cerro
de Famatina (La Rioja).
Adosada a la pared, frente a la cama,
una urna que contiene una antigua
imagen de vestir, simboliza junto con los otros ornamentos
de culto que se observan en la sala, la religiosidad de la gente
de la época.
Una rueca,
de sencilla manufactura era el instrumento usado para hilar la lana.
Ésta se utilizaba luego en la confección de prendas
tejidas en telares manuales.
En la alacena esquinada, se observan elementos
de uso cotidiano. Entre ellos un candil de bronce, indispensable
para la iluminación de interiores.
La biblioteca y un escritorio rectangular
simple y rústico están hechos en madera de algarrobo.
El escritorio presenta como
característica una tapa de madera con barandilla ondulada
al frente y a los costados. Estos muebles pertenecieron a Manuel
Solares último propietario de la estancia y fundador
de la Villa de Alta Gracia. |