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Sala 8 - De la Evangelización y el Arte
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Los elementos que se exhiben en esta sala son el resultado material de un proceso histórico de aculturación que llevó a cabo la Iglesia a través de la evangelización. Los españoles eran portadores de una cultura esencialmente religiosa y la adoctrinación fue una obligación tanto para el Estado como para particulares.

Las órdenes religiosas que arribaron a América fueron el instrumento del que se valió la Iglesia para extender la fe católica y asegurar por parte de España su poder y dominio en estas tierras. La vida cultural tuvo así un contenido y una forma religiosa y la función artística y educativa quedó en manos de la Iglesia. En esta transformación se incorporaron a las culturas indígenas toda una gama de valores y pautas hispanas, muchas de las cuales fueron recreadas y asimiladas.

La Iglesia consideró que el objeto de arte, más allá de sus implicancias estéticas, era un medio de propaganda que podía servir a los fines de una mayor comunicación y acercamiento entre los fieles y Dios. En este sentido, fue la Compañía de Jesús, la Orden fundada por San Ingacio de Loyola, que principalmente procuró desarrollar este espíritu entre los aborígenes. En la búsqueda del hombre integral, dejó su sello en el arte, incorporando el Barroco al suelo americano.

Las obras expuestas proceden algunas de Europa y otras, de alta calidad artística o de carácter más sencillo, están inspiradas en iconografías del viejo mundo pero realizadas y reinterpretadas por manos americanas, produciéndose una síntesis de las mentalidades de esos dos mundos y dando surgimiento al llamado arte hispano americano.

El Ecce Homo que preside la sala es una imagen de vestir de procedencia española que data de principios del siglo XVIII. Esta talla representa a Jesús después de la flagelación con una soga atada a sus muñecas. En su cabeza una corona de espinas y entre sus manos la caña con la que ha sido castigado y que a modo de cetro le han puesto sus verdugos para burlarse de Él.

A pesar de la profunda humillación que sufre como hombre, su rostro se mantiene sereno. Pero sus ojos expresan su íntima tristeza y desolación.

Las cinco piezas -cabeza, manos y pies- que componen la imagen son en talla directa de madera dura y oscura. Así venían de España y en América se les construía un cuerpo que luego se vestía.

Se destaca también en la sala un Descendimiento, copia de una obra de Rubens, óleo sobre cobre. Europa, siglo XVIII.

En contraposición a la obra de arte europea la reelaboración americana es más simple, de rápida ejecución, con materiales comunes, intentando satisfacer con celeridad los requerimientos de conventos, iglesias y particulares.

Se observa también un crucifijo de tres clavos: Imagen de madera tallada y policromada procedente del Noroeste argentino, siglo XVIII.-

La devoción a María se manifiesta a través de la Inmaculada Concepción, en piedra huamanga (alabastro). Es una talla netamente barroca, realizada con gran habilidad plástica. En el Perú, siglo XVIII.

Una Virgen del Rosario, tallada en madera y policromada es originaria de las Misiones jesuíticas, siglo XVIII.

Una cajonera de Sacristía, de forma rectangular, está conformada por dieciséis cajones distribuidos en cuatro hileras. El frente de cada cajón es de quebracho blanco y fondo de cedro.

 
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