Los
elementos que se exhiben en esta sala son el resultado material
de un proceso histórico de aculturación que llevó
a cabo la Iglesia a través de la evangelización.
Los españoles eran portadores de una cultura esencialmente
religiosa y la adoctrinación fue una obligación tanto
para el Estado como para particulares.
Las órdenes
religiosas que arribaron a América fueron el instrumento
del que se valió la Iglesia para extender la fe católica
y asegurar por parte de España su poder y dominio en
estas tierras. La vida cultural tuvo así un
contenido y una forma religiosa y la función artística
y educativa quedó en manos de la Iglesia. En esta
transformación
se incorporaron a las culturas indígenas toda una gama de
valores y pautas hispanas, muchas de las cuales fueron
recreadas y asimiladas.
La Iglesia consideró que el objeto
de arte, más allá de sus implicancias estéticas,
era un medio de propaganda que podía servir a los fines
de una mayor comunicación y acercamiento entre los fieles
y Dios. En este sentido, fue la Compañía
de Jesús, la Orden fundada por San
Ingacio de Loyola, que principalmente procuró desarrollar
este espíritu entre los aborígenes. En la búsqueda
del hombre integral, dejó su sello en el arte, incorporando
el Barroco al suelo americano.
Las obras expuestas proceden algunas de
Europa y otras, de alta calidad artística o de carácter
más sencillo, están inspiradas en iconografías
del viejo mundo pero realizadas y reinterpretadas por manos americanas,
produciéndose una síntesis de las mentalidades de
esos dos mundos y dando surgimiento al llamado arte hispano americano.
El Ecce
Homo que preside la sala es una imagen de vestir de procedencia
española que data de principios del siglo XVIII.
Esta talla representa a Jesús
después de la flagelación con una soga atada a sus
muñecas. En su cabeza una corona de espinas y entre sus manos
la caña con la que ha sido castigado y que a modo de cetro
le han puesto sus verdugos para burlarse de Él.
A pesar de la profunda humillación
que sufre como hombre, su rostro se mantiene sereno. Pero sus ojos
expresan su íntima tristeza y desolación.
Las cinco piezas -cabeza, manos y pies-
que componen la imagen son en talla directa de madera dura y oscura.
Así venían de España y en América
se les construía un cuerpo que luego se vestía.
Se destaca también en la sala un
Descendimiento,
copia de una obra de Rubens,
óleo sobre cobre. Europa, siglo XVIII.
En contraposición a la obra de arte
europea la reelaboración americana es más simple,
de rápida ejecución, con materiales comunes, intentando
satisfacer con celeridad los requerimientos de conventos, iglesias
y particulares.
Se observa también un crucifijo
de tres clavos: Imagen de madera tallada y policromada procedente
del Noroeste argentino, siglo XVIII.-
La devoción a María
se manifiesta a través de la Inmaculada
Concepción, en piedra huamanga
(alabastro). Es una talla
netamente barroca, realizada con gran habilidad plástica.
En el Perú, siglo XVIII.
Una Virgen
del Rosario, tallada en madera y policromada es originaria de
las Misiones jesuíticas,
siglo XVIII.
Una cajonera
de Sacristía, de forma rectangular, está conformada
por dieciséis cajones distribuidos en cuatro hileras. El
frente de cada cajón es de quebracho blanco y fondo de cedro. |