| Este juego
de comedor de origen alemán de estilo barroco del siglo XIX,
perteneció a la familia Lozada,
última dueña de la residencia hasta 1969.
En contraste con la sencillez del mobiliario
que se observa en otras salas, este comedor se destaca por su espíritu
solemne. El sólido aparador
de roble posee artísticas tallas que a modo de cariátides
sirven de apoyo al coronamiento del mueble. En su parte central
se observa un pequeño armario para guardar la cristalería
y más abajo, dos bandejas deslizantes de madera o trinchantes,
utilizados para trozar la comida que luego se servía en la
mesa.
Las puertas laterales, tienen en su interior
un delicado trabajo de ebanistería: las taraceas. Realizadas
con pequeñas láminas de madera de colores naturales,
realzan y embellecen este aparador. Los espejos biselados, incorporados
al mueble eran el recurso utilizado para iluminar el ambiente.
Una importante mesa
central, con patas torneadas reunía a la numerosa
familia de la casa. Costumbre muy generalizada era la de retirar
o cambiar el mantel antes de servir el postre, especialmente en
las comidas de etiqueta.
Sobre el gran aparador, dos bandejas con
motivos chinescos, quiebran la severidad del imponente mueble. Una
mesita auxiliar con trinchante, sillas y sillones tapizados complementan
el sobrio mobiliario.
Esta sala se caracteriza por el hallazgo
de un escudo pintado sobre una de
las paredes de la habitación. Fue encontrado en 1972
al realizar tareas de investigación y restauración,
bajo ocho capas de pintura. De simbología masónica,
se supone que fue realizado en el siglo XIX.
En esa época las luchas por la emancipación y guerras
civiles dividieron al país.
En 1830,
cuando Manuel Solares era
propietario de la Estancia de Alta
Gracia, se realizaron reuniones que dieron como resultado
la firma del Pacto de Alta Gracia.
Este documento histórico es un
acuerdo de paz, amistad, alianza ofensivo-defensiva y libre
comercio que fue firmado el 16
de julio de 1830
siendo Gobernador de la Provincia,
el General José María
Paz. |