| La herrería
se encuentra ubicada en el traspatio de la residencia. Aquí
se recrea el oficio del herrero a través de la exhibición
de los objetos utilizados en la forja del hierro, similares a los
que se describen en los inventarios jesuíticos del siglo
XVIII.
Carentes de maestros expertos en la enseñanza
de este oficio, fueron los jesuitas quienes impartieron entre los
peones de sus estancias los conocimientos necesarios que el oficio
requería, convirtiéndolos en mano de obra especializada,
que rivalizaron en habilidad con sus propios maestros.
El inventario de 1767 consigna
además la existencia de una fundición de campanas
"única en Córdoba"
en la estancia de Alta Gracia.
A mediados del siglo XVII
el hierro se importaba de Vizcaya,
al norte de España en grandes cantidades de barras de sección
cuadrada; en América se lo extraía de la región
del Chaco santiagueño y de Brasil, aunque en menores proporciones.
En esta construcción, se observa
el fuelle, instrumento de
madera y laterales plegables de cuero, que recogía el aire
y lo expulsaba a través de la tobera en dirección
a un hornillo bajo la fragua. De esta manera se alimentaba el fuego
donde el herrero calentaba el hierro que luego forjaba utilizando
el yunque o bigornia.
La raíz de chilca, arbusto que abundaba
en las sierras, la leña de vaca o estiércol, hojarasca
(conjunto de hojas secas),
charamasca (cortezas secas de árboles)
eran algunos de los recursos naturales utilizados para encender
la fragua, mientras que para producir el fuego, se usaban piedras
de feldespato o cuarzo.
El hierro, siempre escaso, fue utilizado
en obras estrictamente constructivas: herramientas, rejas, clavos,
goznes, llaves, cadenas como también en implementos agrícolas.
En la Estancia de Alta Gracia
aún se conservan las rejas "lobulares
reversibles atadas entre sí", elaborado motivo
decorativo que lucen las ventanas de la residencia.
Después de la expulsión de
los jesuitas, este edificio retirado en el fondo del traspatio,
funcionó como cocina
hasta 1795, como panadería
hasta 1874 (conservándose
aún la boca del horno de pan) y como pesebrera hasta
mediados del siglo XX. |