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SALA 14 - Cocina de Liniers
<Sala 13 - Plano del Museo - Sala 15>

La antigua residencia jesuítica, aunque espaciosa y cómoda distaba mucho de ser lujosa. La casona debió adaptarse a las costumbres de su nuevo dueño, el Virrey Liniers quien la habitó en 1810.

En una carta a su amigo Francisco Antonio Letamendi, Liniers le refiere que ha ordenado derribar dos paredes para hacer una sala y un comedor, y que aprovechará los materiales para construir una cocina, puesto que los jesuitas no la habían construido, "guisándose aún en un galpón de paja".

Esta cocina nueva, con techo de tejuelas y "fogón a la moderna", fue construida en el sector sur del traspatio, anexada a la residencia.

Ambientada como típica cocina del siglo XIX, era el lugar que congregaba a la familia en torno al fogón. En él se destacan los peroles de cobre, trabajados a mano, algunos de ellos "agujereados y remendados" como los que poseía la cocina jesuítica.

La mesa de algarrobo trabajada con azuela, de sencilla manufactura está acompañada de rústicas sillas esterilladas con tientos de cuero, que reflejan la primitiva sencillez que tienen los objetos de uso cotidiano de los siglos XVIII y XIX en el interior de la provincia.

Bateas (recipientes de madera para amasar el pan), morteros de madera (utilizados para moler maíz) y utensilios de cobre complementan el sencillo equipamiento de la cocina.

Los utensilios de cobre, bateas, morteros y peroles ambientan la cocina del Virrey en la que el fuego del fogón y el sonido del filtro de agua, (ubicado en la antecocina), generan un clima en el que el visitante se transporta en el tiempo en una experiencia inolvidable.

 
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Diseño y Mantenimiento: Rafael Piñeiro