En los siglos
XVII y XVIII
fue alcoba y sala jesuítica, separadas entre sí por
un muro divisorio. Una alacena empotrada en una de las paredes la
diferenciaba de otras habitaciones de la residencia.
Santiago
de Liniers decidió modificar este sector de la Casa
para transformarlo en el comedor de la familia, puesto que había
mandado a construir la cocina, anexándola a la construcción
jesuítica. Para lograrlo, mandó a derribar el muro
divisorio, lo que obligó a tapiar la alacena.
En el siglo XX,
cuando la residencia jesuítica se convirtió en Museo
Histórico, se decidió que este lugar fuera
utilizado como Salón Auditorio.
Allí se realizan distintos tipos de actividades culturales
que tienen la finalidad de identificar al público con este
importante patrimonio jesuítico.
Además en él se realizan
muestras y exposiciones temporarias de distintos trabajos. Ver
exposiciónes. |